Estoy en el quirófano, voy a volver a empujar, me daría lástima que nacieras ahora y que papá no estuviera para cortar el cordón, aun así, empujo con todas mis fuerzas. Lo intentamos tres veces, es imposible.
me cambian de camilla, me sientan, me pinchan, me ponen el anestésico, mi cuerpo deja de ser mío, no siento nada por debajo del pecho. Me acuestan y comienzo a notar que se me duermen las manos y parte de la boca, se lo digo a una chica muy simpática mientras me miro las manos e intento mover los dedos, creo que no los muevo, me gira la cabeza hacia el techo y me tranquiliza diciéndome que es normal, no es habitual, pero quizás me han puesto algo más de anestesia y yo soy muy pequeña. Eso me tranquiliza.
escucho como hablan, recuerdo alguna cara y de pronto es como si los medicos se pelearan por mi cuerpo, como si tiraran uno a cada lado de mi cuerpo... tras unos minutos el movimiento se detiene.
Zahra.
Sin palabras, por mucho que lo intente explicar, no podrás imaginar nunca lo que sentí. Eras tan... tú
La doctora se debió dar cuenta que intenté incorporarme porque hizo gesto de irse pero te acercó aun más a mí.
Estabas gris, tu piel aún no tenía color, encogida como si aun estuvieras dentro de mí, seria, con los ojitos cerrados, no te movías, con los bracitos cerca de la cara y los pies encogidos como una ranita.
Te llamé, te llamé como tantas veces lo hice cuando estabas en mi barriga, con ese tono que solo yo sé poner para que me escuches, te dije con una sonrisa en mi cara -bebee- y me respondiste dibujando una sonrisa con esos labios tan pequeños, con esa carita tan delicada.
Naciste el 10 de octubre de 2014 a las 22:26
Cuando te apartaron de mí para atenderte y poderme coser, sentí paz, mucha paz, tanta que no me habría importado morir, me sentí tranquila, feliz, tú estabas bien y yo sentí que no tenía cuerpo, que nada en el mundo volvería a importarme, poruqe ahí estabas tú, ahí estabas tú para mí, dedicándome tu primera sonrisa.
Y te oí llorar.
me cambian de camilla, me sientan, me pinchan, me ponen el anestésico, mi cuerpo deja de ser mío, no siento nada por debajo del pecho. Me acuestan y comienzo a notar que se me duermen las manos y parte de la boca, se lo digo a una chica muy simpática mientras me miro las manos e intento mover los dedos, creo que no los muevo, me gira la cabeza hacia el techo y me tranquiliza diciéndome que es normal, no es habitual, pero quizás me han puesto algo más de anestesia y yo soy muy pequeña. Eso me tranquiliza.
escucho como hablan, recuerdo alguna cara y de pronto es como si los medicos se pelearan por mi cuerpo, como si tiraran uno a cada lado de mi cuerpo... tras unos minutos el movimiento se detiene.
Zahra.
Sin palabras, por mucho que lo intente explicar, no podrás imaginar nunca lo que sentí. Eras tan... tú
La doctora se debió dar cuenta que intenté incorporarme porque hizo gesto de irse pero te acercó aun más a mí.
Estabas gris, tu piel aún no tenía color, encogida como si aun estuvieras dentro de mí, seria, con los ojitos cerrados, no te movías, con los bracitos cerca de la cara y los pies encogidos como una ranita.
Te llamé, te llamé como tantas veces lo hice cuando estabas en mi barriga, con ese tono que solo yo sé poner para que me escuches, te dije con una sonrisa en mi cara -bebee- y me respondiste dibujando una sonrisa con esos labios tan pequeños, con esa carita tan delicada.
Naciste el 10 de octubre de 2014 a las 22:26
Cuando te apartaron de mí para atenderte y poderme coser, sentí paz, mucha paz, tanta que no me habría importado morir, me sentí tranquila, feliz, tú estabas bien y yo sentí que no tenía cuerpo, que nada en el mundo volvería a importarme, poruqe ahí estabas tú, ahí estabas tú para mí, dedicándome tu primera sonrisa.
Y te oí llorar.